RESPUESTA DEL HAMBRE
Soy una persona que intenta dar o
darse: una cura de amor, placer al dolor, masajes o colores, cierta huella de
estilo más allá… cierta huella de estilo del más allá.
Voy entendiendo que se trata de
vibraciones de velocidad variable. Así aparecen la música, la palabra, los
tonos con sus dibujos, hasta percibir los rayos energéticos, las frecuencias
invisibles.
Me gusta lo expresivo como forma de
conocimiento, jugar con una llave mágica:
“...la palabra es un medio o un elemento
de mutación, para conectar con situaciones de energía como el momento que
compartimos... donde cada gesto se vuelve magia y la risa es espiritual y
hermosa”.
Así conectamos con otras personas, y
damos sentidos a imágenes, con elongaciones de cuerpo y alma.
Quizá es parte del desbloqueo y
limpieza de los canales para recibir los dones de la tierra, el aire, el agua y
el fuego, y ser instrumentos a partir de nuestro cuerpo, utilizando el más
poderoso de nuestros recursos: la respiración, ver en el ser o en el no ser los
ámbitos de soberbia elitista o racista, la intolerancia o inmadurez total y las
dificultades para ser el simple respirar, nuestro alimento más valioso.
Me doy cuenta que el hambre es
inversamente proporcional a generar vibraciones de luz. “…somos porciones de sol, los alimentos son porciones de sol”. Esto
lo tomo de un chat reciente con Paula Ion, artista de sabiduría mística. Son
construcciones de ida y vuelta. Cosas así aparecen chateando y posteando. Es
clara la diferencia de frecuencias armoniosas y tensiones no resueltas en el
interior del pensamiento, en lo que reflejamos y proyectamos.
Trabajo con la palabra, con la
computadora, la red o Word, con notas, con colores. Con los instrumentos musicales que tengo: violines guitarras teclado controlador, piano... la voz.
La intención o el impulso es crear la
forma presente, “el rastro para no dejar rastro”, para trazar la línea de
puntos que es un dibujo.
Me forman ciertos libros, escuchar
discos. Si la escuela dio algo es para salirse y volver al comienzo. De todos
modos la escuela también me dio, puede dar, felicidad, como un trabajo nos
permite organizar recursos. Son formas de ir más allá de lo familiar. De todos
modos el espacio virtual nos permite disponer, interactuar, compartir, de un
modo único y abierto, muy valioso y novedoso.
Me pueden contactar por internet, en
las clases a las que asisto, o cuando me presento en vivo tocando el violín.
Soy una persona que disfruta del
sentido humorístico en los encuentros grupales o personales, donde se da ese
rol. Concentrado en mi hacer cuando la idea está ahí. Obsesivo cuando no saco
eso que está.
Mi carácter es afectuoso o distante,
soy de decir las cosas, incluso de provocar.
El mundo para mí es rojo, azul, y
negro, más allá de eso todo es blanco o naranja. Otros colores no existen salvo
a veces el verde con un amarillo claro anaranjado o el lila.
Me impacta la
belleza de la comunicación que se da con ciertas personas, “en este momento hay mucho poder... en el
aire de este momento... se cruzan muchos poderes en un mismo punto... punto de
intersección”.
Mis maestros son mi familia, mis hermanos artistas ambos, mis primeras amistades, los discos de los músicos creadores, mis profesoras/es de lenguaje musical y coro, de violín, de armonía, los guitarristas que conocí, los lectores y melómanos vocacionales, los libros de ficción, poesía, filosofía, antropología y política, la poetiza y cantautora Roberta Iannamico, Ezequiel Romero, performer poeta visual conceptual, Judith Villamayor, articultora que me invitó a mostrar mis canciones, Gabriela Alonso, artista maestra que siempre me transmite su apoyo maternal , Laura López, poeta inspiradora lunar, Laura Luz Sur, que me transmitió su visión sanadora, Rocío Salmoiragui, que me dejó algunos ejercicios de yoga que son los que me sé, Lucía Guadalupe Sorans, que me inició en la pintura, Marlenne Punto, que fotografió mis obras, Sandra Armengol, que me hizo exponerlas, Paloma Kippes, maestra cantora, que es una genia llena de energía de luz, Vane Chaim, que me hizo ver el peso del tiempo y su mutabilidad, Aldana González y Cristian Gastón Montoya, que me contagiaron el libro cuaderno con su poder vital, y Josefina Zuain, dadora de este momento de escritura. En verdad, todos somos maestros unos para otros cuando nos comunicamos o abrimos el ser.
Mis relecturas constantes son: el Tao
Te King… Nietzsche es quizá el mejor escritor clásico para mí, por su forma de
abordar la dificultad, más allá de sus apreciaciones. Eso me impresionó
especialmente en Ecce Homo. Lo consideró una influencia fundamental para otros
creadores que amo, como Luis Alberto Spinetta o Robert Smith de The Cure. Leí
mucho a Borges, a Julio Cortázar, a Carlos Castaneda, a Hermann Hesse, al I
Ching…
Admiro a las creadoras como Laurie
Anderson, Bjork…
Valoro mucho a Frank Zappa, como a
Stravinsky y Bartok, y por supuesto a J. S. Bach, que es el máximo maestro de
la música. A Vivaldi lo quiero por haber tocado su concierto en sol menor, en
la época que fui al conservatorio… Y claro, siempre me gustaron The Beatles,
especialmente John Lennon, así como Syd Barrett, y también la música de David
Bowie, Peter Gabriel, el Queen de los 70’s, Charly García, Michael Jackson. Janis Joplin, Led Zeppelin. Norberto Pappo Napolitano. Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Miles Davis, John Coltrane, Freddie King, Peteco Carabajal, Aníbal Troilo. Tom Jobim, Astor Piazzolla. Demetrio Stratos, Meredith Monk.
Por estos días me compartieron una nota que a la vez compartí... De ahí saco que "Hay una armonía en el universo suena tiene relaciones musicales se trata de descubrirlas. Creo que se puede aplicar más allá de la música. Lo primero es la respiración. El instrumento es el cuerpo. El alma se puede tocar".
Por estos días me compartieron una nota que a la vez compartí... De ahí saco que "Hay una armonía en el universo suena tiene relaciones musicales se trata de descubrirlas. Creo que se puede aplicar más allá de la música. Lo primero es la respiración. El instrumento es el cuerpo. El alma se puede tocar".
Diego Pablo Lambertucci, 14/06/2012.
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