miércoles, 3 de octubre de 2012


PUNTOS DEL MANUAL DE INSTRUCCIONES


A veces al negar o inventar intencionalmente decimos la verdad, más que cuando tenemos que hablar de nosotros mismos.

Mirando las cosas que nos traen hasta el momento presente podemos hacer justicia, realzando en lo emocional vivido los signos que orientan nuestra alegría de vivir.

No es melancolía, las imágenes poéticas así recolectadas forman una nueva energía: es el recuerdo de que estamos acá, la consciencia hecha carne.

Entonces el tiempo se desvanece, es decir se nutre, se abre, tiene un peso, tiene gravidez.

Este tiempo se mide con metrónomo, es un ritmo intencional, una sincronización.

La voz sube y baja o permanece en una misma altura, la música es la esencia y síntesis de todo conocimiento, el principio y el fin, ahí está el cierre y el comienzo de la creación, la enunciación, el sonido primitivo.

El encuentro en un taller de escritura recrea en forma colectiva la sesión analítica, así como la creación colectiva es armonía del suceder, misterio de las esferas universales.

Así jugamos a agarrar palabras, y escribir sobre la escritura de otro, desarmando y armando las oraciones.

Nos disfrazamos y tocamos las canciones que dejamos ser a partir de la soledad y la intimidad compartida. Nuestra conciencia necesita una fuerza externa para reconocerse y poder avanzar.

Al despertar y levantarnos tenemos que estirarnos, para poder salir. Esto se aplica a cada día, y también a la vida.

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