PUNTOS DEL MANUAL DE INSTRUCCIONES
A veces al
negar o inventar intencionalmente decimos la verdad, más que cuando tenemos que
hablar de nosotros mismos.
Mirando las
cosas que nos traen hasta el momento presente podemos hacer justicia, realzando
en lo emocional vivido los signos que orientan nuestra alegría de vivir.
No es
melancolía, las imágenes poéticas así recolectadas forman una nueva energía: es
el recuerdo de que estamos acá, la consciencia hecha carne.
Entonces el
tiempo se desvanece, es decir se nutre, se abre, tiene un peso, tiene gravidez.
Este tiempo
se mide con metrónomo, es un ritmo intencional, una sincronización.
La voz sube
y baja o permanece en una misma altura, la música es la esencia y síntesis de
todo conocimiento, el principio y el fin, ahí está el cierre y el comienzo de
la creación, la enunciación, el sonido primitivo.
El
encuentro en un taller de escritura recrea en forma colectiva la sesión
analítica, así como la creación colectiva es armonía del suceder, misterio de
las esferas universales.
Así jugamos
a agarrar palabras, y escribir sobre la escritura de otro, desarmando y armando
las oraciones.
Nos
disfrazamos y tocamos las canciones que dejamos ser a partir de
la soledad y la intimidad compartida. Nuestra conciencia necesita una fuerza
externa para reconocerse y poder avanzar.
Al
despertar y levantarnos tenemos que estirarnos, para poder salir. Esto se
aplica a cada día, y también a la vida.
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